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LA CRISIS DEL COVID-19

Actualmente, estamos padeciendo una de las mayores pandemias que se recuerdan, motivada por el Coronavirus SARS-Cov 2 que produce la enfermedad conocida como Covid 19. Dicha pandemia que según parece, tuvo su origen en un mercado de la ciudad China de Wuhan, ha generado más de 2.573.444 contagios y más de 181.781 muertos en alrededor de 180 países.

En España, a día de hoy, tenemos 208.389 contagiados y 21.717 muertos, siendo las Comunidades Autónomas de Madrid, Cataluña y Castilla-La Mancha, las más afectadas.
Esta pandemia iniciada en China el pasado año y que ha afectado a España durante los primeros meses de 2020, no solo está generando una importante crisis social y sanitaria, sino que también generará casi con toda seguridad, una crisis económica y financiera.
La crisis social es evidente, ya que este virus de rápida propagación, en el caso de España, ha supuesto un contagio en apenas unos meses, de más de 200.000 personas y el fallecimiento de más de 20.000. Sin embargo, los efectos sociales de esta pandemia no se pueden limitar exclusivamente al número de fallecidos y contagiados, ya que todos los demás ciudadanos nos hemos visto afectados por una serie de medidas gubernamentales adoptadas por el ejecutivo, para limitar la propagación del virus y el número de personas contagiadas. El cierre de los centros educativos, de los comercios y locales de ocio o la necesidad de confinarnos en nuestros domicilios sin la posibilidad de salir, salvo para situaciones excepcionales, son algunas de las medidas que nos están causando grandes limitaciones en nuestro día a día y que, en algunos casos, también nos impiden relacionarnos con nuestros seres queridos.

Junto a la crisis social, también se ha generado una importante crisis sanitaria, ya que la mayor parte de las Comunidades Autónomas, tienen sus hospitales y demás centros sanitarios desbordados, y en algunos casos, al borde del colapso.
En algunas Comunidades como Madrid y Barcelona, el número de personas contagiadas no deja de crecer (superando los 20.000) y los hospitales están presentando un importante déficit de capacidad hasta el punto de tener que habilitar hoteles, ambulatorios o recintos feriales como improvisados hospitales de campaña. Por otra parte, los facultativos médicos no paran (con jornadas interminables); se están empezando a solicitar médicos y sanitarios para poder atender a todos los contagiados, hasta el punto de admitir a personas jubiladas o estudiantes en último año de carrera para reforzar la asistencia médica y sanitaria. Además, el material sanitario necesario (como trajes, guantes o mascarillas) es insuficiente, lo que está motivando un elevado porcentaje de contagio entre el personal médico y sanitario (más de 15.000) y que, a su vez, estos centros sean un foco importante de contagio.

No obstante, y a pesar de que esta crisis social y sanitaria es la que actualmente tenemos más presente, hay que señalar que esta pandemia del Coronavirus generará una crisis económica y financiera.

Una de las medidas adoptadas por el Gobierno para evitar el contagio ha sido, como ya he señalado anteriormente, el cierre de los comercios y de los negocios.

Esta medida supone una paralización de la actividad productiva, ya que no hay apenas producción en la economía (y de ahí, que haya una importante caída de la oferta de bienes y servicios en el mercado). La mayor parte de empresas (y sobretodo, pequeñas empresas y autónomos), han visto como han tenido que cerrar y cesar en su actividad (teniendo capacidad productiva), perdiendo sus ingresos y su liquidez.

Pero no solo se ha producido una caída de la oferta de bienes y servicios, sino también una importante caída de la demanda. Ya no solo porque no se puede demandar lo que no se produce, sino también porque los cierres empresariales, han motivado la suspensión de contratos de trabajo (ERE-ERTE), el despido de una gran cantidad de trabajadores y el aumento de la tasa de desempleo. Todo ello conlleva, una disminución de las rentas de trabajo y que los ciudadanos sufran una pérdida de su poder adquisitivo y con ello una pérdida de liquidez.

Esta pérdida de liquidez por parte de ciudadanos y empresas, puede tener una importante repercusión en los acreedores, y principalmente en los acreedores bancarios, los cuales, ante esta situación pueden, por un lado, ejecutar los activos de garantía (pensemos en bienes hipotecados) o por otro, no cobrar, con la correspondiente nueva pérdida de liquidez.

Teniendo en cuenta que los bancos son los principales acreedores (aunque también deudores con depósitos e imposiciones a plazo), el hecho de que estos puedan sufrir pérdidas de liquidez, puede generar unos importantes efectos en la economía que ya conocemos como consecuencia de la crisis financiera de 2007 (crisis que fue fundamentalmente de liquidez).

Llegados a este punto, lo que cabe plantearse son las medidas que se pueden adoptar desde el prisma de la política fiscal y la política monetaria.

En cuanto al plano de la política fiscal, donde los Estados Miembros tienen plena competencia, en mi opinión, el camino a seguir debería ser una política impositiva lo más laxa posible junto con transferencias de renta gubernamentales a ciudadanos, autónomos y pequeñas empresas para compensar la pérdida salarial y de beneficio empresarial. Todo esto, les permitiría contar con mayor liquidez, lo cual, no resolvería el desequilibrio de demanda porque seguiría sin haber oferta, pero podría suavizar su situación.

El problema que nos encontramos es que, estas medidas supondrían un incremento de la deuda, para una España que ya se encuentra fuertemente endeudada (96% PIB), y al mismo tiempo, un incremento del déficit público.

En cuanto a la política monetaria definida por el Banco Central Europeo, considero que se centrará en seguir inyectando liquidez al sistema para facilitar la liquidez bancaria y que se pueda seguir concediendo préstamos y créditos a bajos tipos de interés. De lo contrario, se correría el riesgo de una iliquidez bancaria y un desequilibrio del sistema financiero.

Sin embargo, el principal problema es la casi nula producción en la economía, ya que, si los agentes privados no generan producción y riqueza en la misma, no solo se reducirá el ingreso, sino que también, se tendrá que recurrir a la adquisición de bienes de otras economías productivas (vía importación). Esta situación, se podrá aguantar de forma coyuntural, puesto que de lo contrario, esta falta de liquidez derivará en una falta de solvencia a medio y largo plazo, que colapsará toda nuestra actividad económica.

Carlos Lafuente
Interventor de la Seguridad Social

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