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Los países del Golfo se alejan del tax free para superar su crisis económica.

La pandemia del Covid-19 obliga a los países árabes a aumentar e introducir nuevos impuestos para sostener sus economías. Los ingresos del petróleo ya no pueden cubrir sus gastos.

Omán acaba de anunciar que a partir de abril del próximo año empezará a aplicar IVA en el país para aumentar la recaudación, convirtiéndose en la cuarta economía de la región en introducir este impuesto. De esta forma, sigue los pasos de las todopoderosas Arabia Saudí y Emiratos Árabes.

Este mismo año, en el mes de mayo, Arabia Saudí aumentó el IVA del 5% al 15% en un intento de equilibrar sus debilitadas finanzas. Este país, como el resto de las economías del Golfo, tiene una alta dependencia del petróleo, llegando a ser el 50% de sus ingresos.

Siendo el primer exportador de petróleo del mundo, está haciendo malabares para sostener su economía: la empresa estatal Aramco ha reducido la producción en un millón de barriles diarios para sostener el precio del petróleo y el país ha aplicado un plan de austeridad que ha hecho que triplique la tasa del IVA así como la eliminación de los subsidios a los ciudadanos.

En el caso de Arabia Saudí no se limita a una subida del IVA: también ha anunciado la reducción de los gastos relacionados con los grandes proyectos de desarrollo que se estaban llevando a cabo para la modernización de la economía.

Los países árabes, tradicionalmente, han estado exentos de impuestos, no sólo del IVA, tampoco aplican IRPF  ni impuestos de patrimonio y el impuesto de Sociedades se aplica con un tipo medio del 10%, bastante inferior a lo que se aplica en otros países desarrollados. Hasta ahora, los ingresos derivados de la producción petrolífera eran suficientes para sufragar los gastos del país.

No obstante, allá por el año 2015, Consejo de Cooperación del Golfo, que reúne a los países del Golfo Pérsico, acordó introducir el IVA en la región con una tasa impositiva fija del 5%. La región tenía que afrontar una situación económica adversa en un contexto de fuertes caídas del precio del petróleo desde el año 2014 debido a la guerra por el fracking.

En 2014 Los países de la OPEP estaban luchando por hundir el próspero negocio petrolero del “fracking” en Estados Unidos por lo que, en el mes de junio de ese año, decidieron no recortar la producción, lo que bajaría el precio del petróleo y haría que los pozos petroleros que utilizaban el fracking no fueran rentable: para serlo, el precio del petróleo debía ser superior a los 50 dólares por barril.

A partir de ahí el precio del petróleo se desplomó en los mercados: llegó a bajar hasta los 37 dólares barril a finales de 2015 cuando 18 meses antes estaba cotizando a 115 dólares barril.

Así consiguieron su objetivo: cerraron más de 1000 pozos de los 1600 existentes.

La estocada final al fracking la ha dado la pandemia, con una menor demanda de petróleo, ha hecho que las grandes industrias estadounidenses que todavía quedaban en el país estén declarándose en quiebra durante este año 2020.

Los primeros países en introducir el IVA fueron Emiratos Árabes y Arabia Saudí en 2018, Barhéin en 2019 y ahora Omán. Los otros dos países de la zona, aunque todavía se resisten terminarán introduciéndolo, si no hay imprevistos, Kuwait a mediados de 2021 y Qatar, todavía sin fecha prevista, está trabajando ya en su nueva ley del IVA.

A la hora de entender el sistema fiscal de estos países, debemos tener en cuenta que, en la práctica, sus gastos e inversiones se han estado financiando a través de los ingresos del petróleo, materia prima de la que son grandes exportadores a nivel mundial. Por lo tanto, no han necesitado utilizar los impuestos para sufragar los gastos del país.

Solamente en Arabia Saudí existe un impuesto pagadero por algunas personas físicas nacionales de países del Consejo General del Golfo, considerado Zakat y que está establecido en el 2.5%.

El zakat es el tercer principio del islam consiste en una limosna obligatoria establecida en el Coram según la cual todos los musulmanes tienen que aportar a los pobres y la comunidad una décima parte de sus rentas y capital.

Los organismos financieros internacionales estiman que este nuevo rumbo en la región es un paso más en la buena dirección: la alta dependencia de estas economías del petróleo supone un riesgo para épocas en las que, como la actual, el consumo mundial ha disminuido drásticamente y, consecuentemente, también lo han hecho sus ingresos. Es conveniente tener unos ingresos diversificados para que las fluctuaciones comerciales y económicas no pongan en jaque la economía de un país.

Al igual que en otros países del mundo, el freno de la actividad económica relacionada con las medidas de confinamiento y los gastos públicos “no previstos” en el sector sanitario han supuesto grandes gastos que están desestabilizando la economía de la región.

Ana Ballesteros
Responsable de Comercio Exterior Ventana Global – ICEX

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