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SANTA MARIA DE LA PISCINA. UNA HISTORIA DE LAS CRUZADAS

En San Vicente de la Sonsierra, tenemos un recuerdo vivo de que hubo un tiempo en que la cristiandad y la espada iban de la mano.

Todavía puede verse en la ladera meridional de la Sonsierra, sobre un collado y entre dos cerros la iglesia de Santa María de la Piscina. Es el edificio más completo, bello y mejor conservado del románico en La Rioja. Consta de una sola nave de cuatro tramos iguales, presbítero y ábside con bóveda de horno. Los muros son de sillería, tienen contrafuertes exteriores que se corresponden en el interior con columnas adosadas. La fachada es de muros lisos con una portada de medio punto con tres arquivoltas. Toda la fachada está decorada por una cenefa de ajedrazo.

En su interior quedan restos de pinturas que narran la entrada de los cruzados en Jerusalén. En los alrededores de la Iglesia han aparecido restos de construcciones, lo que denota la presencia de una antigua población.

Al lado este de la iglesia se encuentra una necrópolis; con tumbas excavadas en la roca, datadas entre los siglos X y XIV. Se han encontrado 49.

Todo comenzó, cuando el infante Ramiro Sánchez de Navarra, hijo de Sancho Garcés IV, casó con doña Elvira, la hija mayor del Cid, antes de participar en la primera Cruzada.

D. Ramiro entró el 15 de junio de 1099 al asalto de Jerusalén por la parte de la muralla a la que estaba adosada la Piscina Probática.

A su vuelta, Don Ramiro, retirado en el monasterio de San Pedro de Cardeña, otorgaba testamento el 13 de noviembre de 1110 y nombraba albacea al abad Don Pedro Virila; en el testamento ordenó fundar una iglesia y una casa que fueran Solar y Divisa de sus descendientes y que se colgara en lugar destacado la Divisa de los Reyes de Navarra. 

El testamento disponía: “que este templo tome la forma de la Piscina Probática, teniendo por patrona a Santa María”, y que en él fueran expuestas las reliquias traídas de Jerusalén, especialmente el trozo de madera de la Santa Cruz en la que fue clavado Jesucristo.

Otra cláusula del testamento disponía la creación de la Real Divisa a la que habrían de pertenecer todos sus descendientes.

El templo fue consagrado el 1 de agosto de 1137 por Don Sancho de Funes, obispo de Calahorra.

La tradición ha pervivido hasta nuestros días en que cada año, los descendientes de aquellos linajes se reúnen todos los 15 de agosto para celebrar el capítulo de la Real Divisa en la propia iglesia de SANTA MARIA DE LA PISCINA.

Gloria Martínez-Manso
Vicepresidenta del Centro Riojano de Madrid

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