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RIOJANOS EN EL NUEVO MUNDO

Pedro Sancho de Hoz, el calagurritano  cronista, conquistador y felón .

Traemos a nuestra revista a un personaje que fue, sin duda, desde el punto de vista histórico, el más importante calagurritano que participó en la conquista de América. Nació en 1514 y era hijo de Juan de Hoz y Juana Sancho, ambos vecinos de Calahorra. Personaje contradictorio y de dudosa catadura moral, tuvo un papel destacado en la conquista de Perú y Chile. Podemos deducir que pertenecía a alguna familia noble o adinerada de Calahorra, y de no ser así, al menos contó con algún padrino o mecenas dentro de la Iglesia o la nobleza riojana que le facilitó estudios y relaciones, pues poseía una buena formación, y seguramente contactos en la Corte o en el Consejo de Indias.

Mapa de Chile y Tierra de fuego, territorios anhelados por Pedro Sancho de Hoz

No se ha podido comprobar en qué fecha pasó a América, o bien ya se encontraba en Panamá a finales de los años 20, o lo más probable es que se embarcase en Sevilla a principios de 1530, en la propia expedición que organizó Francisco Pizarro para hacer el asalto definitivo al Perú. Participó como soldado en la batalla de Cajarmarca y ejerció de secretario de Francisco Pizarro desde 1533 hasta julio de 1534, dejando una interesante crónica de la que hablaremos más adelante. En el reparto del fabuloso botín de Cajamarca actuó como escribano, certificando las cantidades entregadas a cada conquistador. En vez de aceptar una rica encomienda en Perú, por su carácter ambicioso y disoluto, prefirió regresar a España a gastar su fortuna y pedir al Consejo de Indias una gobernación propia. Conseguida su gobernación, partió a Perú en 1539 con una provisión real que le autorizaba a conquistar y gobernar las tierras a ambos lados y al sur del estrecho de Magallanes, Terras Australis, siempre y cuando no chocase con las gobernaciones de Pizarro, Camargo, Almagro y Pedro de Mendoza, estos dos últimos ya fallecidos cuando se firmó el documento (pero su muerte se desconocía en España). Aunque él nunca los supiese ni se hiciese cargo de sus tierras, gracias a la provisión real fue el primer gobernador de la Tierra del Fuego y de la Antártida, todavía no descubierta.

Llegó a Cuzco al tiempo que Pedro de Valdivia, con licencia de Pizarro, iniciaba los preparativos de la expedición a Chile. A instancias del gobernador ambos capitanes se unieron en  la empresa. Se convino que mientras Valdivia iniciaba la expedición, Sancho de la Hoz quedaba en Perú para fletar dos navíos con cabalgaduras y armas, que despacharía por mar en un plazo no superior a cuatro meses. Pero  el calagurritano, carente de recursos no pudo cumplir lo pactado, se endeudó y terminó en la cárcel de Lima. Pero sus acreedores creyeron que la mejor forma de cobrar sería dejándolo marchar a Chile.

Una vez libre logró hacerse con una pequeña hueste y en junio de 1540 partió al encuentro de Valdivia, en realidad lo seguía a prudente distancia buscando la ocasión de asesinarlo y hacerse cargo de la expedición.  En el desierto de Atacama hizo el primer intento de sedición, pero cuando sus secuaces fueron a matar a Valdivia equivocaron la tienda e Inés Suarez, amante del conquistador, pudo dar aviso y detener a los asesinos. Tras el incidente, Sancho de la Hoz fue obligado a firmar un documento donde se finiquitaba la empresa con Valdivia y renunciaba a sus derechos sobre Chile.

Traidor contumaz

Isla de los Uros en el lago Titicaca, de la que habla Pedro Sancho de Hoz en el capítulo XVIII de su crónica

Deportado a Perú junto a sus partidarios siguió en su empeño de hacerse con la gobernación chilena. Envío un grupo de soldados leales, capitaneados por Alonso de Chinchilla, con el objetivo de aprovechar el descontento por las penalidades entre la tropa de Valdivia e iniciar la sedición. Pero de nuevo Inés Suárez, que permanecía con parte importante de la tropa en ausencia de su amante, descubrió el alzamiento y ordenó ejecutar a Chinchilla. Incomprensiblemente, el conjurador principal se libró de la horca.

A mediados de 1542 intentó  por tercera vez el crimen,  ante el descontento entre colonos y conquistadores por el desigual reparto de encomiendas realizado en Santiago. De nuevo la intuición de Inés Suárez neutralizó el peligro y dio con los huesos de Sancho en la cárcel.

Condenado a vivir lejos de Santiago, en Talagante, insistió en otra nueva rebelión apoyándose en los conquistadores estafados por Valdivia en 1547: el gobernador ofreció a sus hombres la posibilidad de regresar a Lima, y cuando ya habían embarcado todas sus riquezas, les invitó a una cena de despedida; en la confusión los dejó con los manjares y él soltó amarras con todo el dinero. El enfado de los engañados propició una nueva revuelta. Sin embargo, el lugarteniente de Valdivia, Francisco Villagrán, reaccionó a tiempo y  mandó apresar a Sancho de la Hoz. Sin esperar noticias de Valdivia ordenó su ejecución. La cabeza del traidor fue paseada por la plaza pública de Santiago.

Cronista de la conquista de Perú

Como señalaba al principio, Sancho quedará en la historia también por ejercer como secretario de Pizarro y notario real durante el tiempo en que el cronista oficial y secretario personal del gobernador, Francisco López de Jerez, convalecía de una caída de caballo. El riojano redactó varias crónicas o informes, aunque, desgraciadamente, todos los manuscritos originales se han perdido. La obra principal que nos ha quedado es la Relación de la Conquista de Perú escrita por Pedro Sancho secretario de Pizarro,  y ha llegado a nosotros  gracias a una traducción del italiano tomada de la Colección de Viajes de Juan Bautista Ramusio (Navigationi e viaggi, tomo III), publicada en Venecia en 1550.

El otro documento conservado con su firma -importantísimo desde el punto de vista histórico, anecdótico desde lo literario- es el Testimonio de la acta de repartición del rescate de Atahualpa, otorgada por el escribano Pedro Sancho, en ella se consigna el reparto del botín acumulado y que debía ser destinado a pagar la liberación del emperador inca.

Portada del libro de José Mª González que recoge la crónica de Pedro Sancho junto a la de los otros cronistas riojanos, Miguel de Estete y Pedro Castañeda

La obra de Sancho de Hoz es una de las cuatro narraciones clásicas de la conquista del Perú redactadas  por quienes  la vivieron y presenciaron: Francisco de Jerez, Miguel de Estete, Pedro Pizarro y el propio Pedro Sancho de Hoz. Se enmarcaría, pues,  entre las que realizaron los denominados “cronistas-soldados”, que vivieron y participaron en los acontecimientos que relataban.

El relato de Sancho es la información destinada a Carlos I  de la toma de Cajamarca, el apresamiento del Inca Atabalipa o Atahualpa, así como los meses finales, el juicio y la muerte del emperador andino,  la toma de la capital inca, el Cuzco, y  la fundación española de Jauja o Xauxa. La Relación no deja de  ser la “crónica oficial” que Pizarro quiere trasladar al emperador de su actuación en Perú. Y aunque esto pueda restarle objetividad, es innegable su valor para conocer los hechos, pues como una crónica periodística,  se escribe  al tiempo que se sucedían los acontecimientos, y la convierte en documento fundamental. El calagurritano es uno de los escasos españoles que ve el esplendor y el hundimiento del enorme imperio Inca, por lo que debe ser referencia obligada  para descubrir muchos aspectos de una civilización que en los meses y años posteriores quedarían destruidos

Perú la captura de Atahualpa

El texto de Sancho carece de genio literario, su  lenguaje es algo encorsetado y bastante reiterativo, pero tiene frescura y la ingenuidad de quien ve por primera vez un nuevo mundo, además del valor histórico que  aportan los primeros datos e impresiones. Y aunque no haya brillo literario sí encontramos pasajes de agilidad descriptiva y belleza en las palabras. Los fragmentos que trasmiten más vida e intensidad son los de las refriegas  con los batallones incas y las páginas dedicadas a la capital imperial.  Impresionado por la magnificencia y esplendor del Cuzco, su pluma se inspira. Además, el calagurritano será el autor de la primera descripción escrita de Cuzco por un europeo, el trasmisor de la primera imagen de una ciudad que despertará asombro y fascinación en todo el Viejo continente.

Francisco Pizarro, conquistador de Perú

También, junto a López de Jerez, será el primero, en transmitir la imagen de un Perú inabarcable, múltiple, lleno de riquezas y poblado por pueblos en desigual grado de desarrollo, pero dominado por una civilización poderosa e imperial.

Otro aspecto destacable de la obra es el hecho de que en ya 1550 estuviese traducida al italiano y recogida en el libro de Ramusio, lo que denota la popularidad que gozaban las crónicas americanas, y el  interés y la relevancia dado al texto por sus coetáneos europeos.

Batalla de Cajamarca, 16 de Noviembre de 1532
José Mª González Ochoa
Historiador. Socio nº 1804

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