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ENTREVISTA A JAVIER GARRIDO

Francisco Javier Garrido Romanos, nace en Calahorra en 1970 y es licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona. En Javier su vocación y su oficio coinciden en la pintura, a la que se dedica en cuerpo y alma. Ha expuesto de forma individual y colectiva en galerías y centros de arte en España, Francia y Portugal.  Tiene obra representada en colecciones públicas y privadas de Europa y EE. UU. Su obra principalmente es paisajística, (óleo, acuarela, grafito) pero no rehúye la figura ni el retrato.  Tiene obra representada en colecciones públicas y privadas de Europa y EE.UU.

En 1994, consigue el 2º Premio Penagos de Dibujo y en 1998 el Premio Durán de Pintura, un galardón de alto prestigio tanto nacional como internacional. Estos dos importantes reconocimientos encabezan una carrera jalonada de premios nacionales y numerosos reconocimientos a su trabajo creativo. En Calahorra, además de tener su estudio, realiza una labor docente en la Academia Municipal de Dibujo y Pintura de la ciudad. También escribe ensayos sobre arte y siempre le ha preocupado su ciudad, sus gentes o sus ‘piedras’, que en Calahorra encuentra muchas, buenas e importantes

Javier, ¿cuáles son tus orígenes en esto del arte?

Bien sencillo, Taquio. Los de un niño al que le gustaba dibujar. Mis padres fueron receptivos a esa dedicación y me llevaron al estudio del pintor calagurritano Pablo Torres Cascante, un artista muy comprometido con la vida cultural y la historia de Calahorra. Allí recibí clases de dibujo desde los siete años hasta que con dieciocho marché a estudiar Bellas Artes a Barcelona. Él fue quien me abrió los ojos a la pintura y a la historia del arte. En su casa se respiraba un clima especial: la música, la literatura, la filosofía, el arte eran temas habituales de conversación.

¿Cómo fue tu paso por la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona?

Recuerdo sobre todo el aprendizaje de la pintura del natural. Especialmente la de exteriores. El clima mediterráneo te permitía pintar al aire libre durante todo el año de una manera relativamente cómoda. Tuve como profesores a pintores que son excepcionales coloristas: Paco Crespo, Gloria Muñoz, Francesc Artigau, Alberto Carroggio y Ruiz Ortega, son unos ejemplos. Sin duda, mi formación como pintor en Barcelona, fue clave para entender la pintura como una práctica en la que el color es el elemento prioritario, al que todos los demás aspectos quedan subordinados.

En tu caso, vocación y oficio van juntos. ¿Es eso un privilegio?

Bueno, que vayan juntos es consecuencia de haber tomado, en su día, una decisión. Más que un privilegio, entonces, supuso un riesgo. Luego vino la dedicación, el trabajo continuado, que todo lo puede. A día de hoy no puedo decir que soy un privilegiado, pero sí me considero afortunado de desarrollar esa vocación inicial, que he convertido en mi oficio.

¿Cómo definirías tu pintura?

No suelo reparar en aquello que defina o pueda definir mi pintura. Ni por la plasticidad que tenga el resultado estético, por el empleo de unos procedimientos técnicos, o ni siquiera por la elección de los temas que trato en ella. De cualquier modo, si vuelvo la vista atrás y repaso mi trayectoria, observo que las obsesiones, las motivaciones… en definitiva, aquello que me hace pintar surge siempre de una misma necesidad: la de tratar de acercarme a la belleza que se revela en un instante y mantener un diálogo con lo que me rodea.

Tienes varios premios y distinciones, explícanoslos.

En su tiempo, mi participación en concursos de pintura y dibujo fue un estímulo para medir y mostrar mi trabajo. La obtención de numerosos premios durante años facilitó la proyección de mi obra y me aportó poder ver las cosas con más seguridad y convicción. Y, sobre todo, creer obstinadamente en lo que hacía. Ahora quizás no tenga esa necesidad de participar en concursos de la manera en la que antes lo hacía, pero recuerdo esos momentos de alegría compartida con suma felicidad.

Dime tus proyectos actuales y futuros.

Ahora estoy terminando unos encargos de carácter privado. Son varias pinturas al óleo, que reflejan espacios del Ebro y lugares de Calahorra que he visto desaparecer. Aunque nunca he dejado de trabajar en lo que considero mi obsesión durante estos últimos nueve años: darle forma a una higuera. Tengo a este árbol como referencia para buscar un lenguaje de representación plástica. Lo he materializado en numerosos dibujos, pinturas, ensayos con diversos procedimientos pictóricos y varias maquetas de esculturas. Pero tengo la sensación de no haber dado todavía con lo que quiero. Quizás sea esto lo que me mantenga vivo. De cualquier modo, un ilusionante proyecto de futuro, no muy lejano, sería mostrar todo este proceso en una exposición. Sería el mejor argumento para defender mis investigaciones. Con sus errores y sus aciertos.

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